Añoranza
Añoro
la sonrisa que iluminaba lo más profundo de mi ser,
qué
no diera para qué las manecillas del reloj giren hacia atrás.
Para
en un suspiro reencontrarme con la vida,
una
vida envuelta en el más dulce sabor del amor.
Creí
que nada opacaría a este inmenso sol,
una
historia que no tenía nada que envidiarle,
al
más puro cuento de amor.
Un
castillo de hierro que jamás sucumbiría
ni al peor de los desastres.
Un
agujero negro salió de la nada, nada me dejó.
Los
pedazos de lo que un día fue ilusión,
se
esparcieron desgarrando cada fibra de mi ser.
Sentado
en una esquina se quedó el dolor,
esperando
a alguien que nunca regresó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario