domingo, 13 de julio de 2014

Profundidad


Profundidad

Miro por un pequeño círculo esa inmensidad,
la mezcla del blanco con el azul da forma a un colchón,
aquí  puedo saltar y correr.

Rayos dorados iluminan mi rostro,
Impregnando de energía cada parte de mí ser.
El fuerte viento me grita que los límites no existen,
que soy el dueño absoluto de todo.

Debajo de mí esta lo superficial, lo mundano.
Las barreras están por todos lados,
limitando sueños y fantasías.
No quiero pisar la realidad,
no quiero que el monstruo me devore con sus tentáculos de problemas.

Estoy consciente de mi egoísmo y cobardía.
La tentación de ese azul profundo me embriaga de tal modo,
dejándome llevar fácilmente.
Son las cosas buenas que la naturaleza deja ver de vez en cuando.
Observo lo grandioso de esta creación, aquí en lo más alto, aquí estoy yo.

Añoranza


Añoranza

Añoro la sonrisa que iluminaba lo más profundo de mi ser,
qué no diera para qué las manecillas del reloj giren hacia atrás.
Para en un suspiro reencontrarme con la vida,
una vida envuelta en el más dulce sabor del amor.

Creí que nada opacaría a este inmenso sol,
una historia  que no tenía nada que envidiarle,
al más puro cuento de amor.
Un castillo de hierro que jamás sucumbiría  ni al peor de los desastres.

Un agujero negro salió de la nada, nada me dejó.
Los pedazos de lo que un día fue ilusión,
se esparcieron desgarrando cada fibra de mi ser.
Sentado en una esquina se quedó el dolor,
esperando a alguien que nunca regresó.

El regalo de Sofía


El regalo de Sofía

Santiago maneja su vehículo por la vía a la costa, la noche parece que va a transcurrir sin mayores contratiempos, una luna llena y resplandeciente lo acompaña. Se encuentra cansado de tantas horas de manejo, en pocos segundos arribará a  la famosa “curva de la muerte”, lugar en donde varias personas fallecieron debido a aparatosos accidentes de tránsito. Sus ojos se abren y cierran por el agotamiento, en cuestión de segundos pierde el control de su vehículo al esquivar a un animal que cruza raudo y veloz la carretera. El automotor rueda por una pendiente, Santiago en su desesperación logra lanzarse y caer en unos matorrales, su carro más abajo yace en el río.
El hombre que a sus 30 años de edad jamás había tenido un percance, logra levantarse con un fuerte dolor en la pierna derecha, con una voz entrecortada pide auxilio, sin embargo nadie parece escuchar sus lamentos, en su desesperación logra encontrar en uno de sus bolsillos su celular. El aparato aún funciona a pesar del daño que presenta la pantalla, en vano marca el número de su hermano, para su mala suerte en la zona no existe señal.
El instinto de supervivencia puede más, Santiago comienza a caminar iluminando el lugar con la poca luz que le ofrece su móvil. El tiempo transcurre, la dolencia en su extremidad inferior es intensa, el dolor hace que se desplome, en su mente la idea de que va a morir lo atormenta. Entre despierto y dormido divisa vagamente la sombra de una mujer que parece llevar en sus manos la luz de la salvación, no entiende lo que la muchacha le dice, los golpes y la fiebre hacen que pierda la conciencia.
Santiago se despierta en medio de una habitación, yace acostado puesto unas vendas en la cabeza y piernas. Una muchacha de ojos azules y piel blanca se le acerca diciéndole que tuvo surte de no haberse matado, que beba un poco de un líquido que fue hervido con plantas medicinales del lugar. La joven le comenta que se llama Sofía y que se encuentra en su casa, que debe descansar para recuperar fuerzas. Santiago quiere un teléfono para comunicarse con sus familiares, Sofía le indica que están sin servicio desde hace días por un problema técnico y que su padre salió para la ciudad a comprar las provisiones para la semana y que tardará en llegar.
El hombre vuelve a reaccionar, esta vez ya es de noche, se levanta de la cama en la que estaba acostado y comienza a caminar por la casa. Observa a Sofía en la parte trasera de la casa en frente de una fogata, la saluda al acercarse e inmediatamente le da las gracias por haberlo atendido. La chica le indica que en la mañana lo va acompañar hasta la carretera, que con suerte un buen samaritano de seguro lo llevará a la ciudad.
Santiago le pregunta si no le da miedo quedarse sola en su casa, Sofía le contesta que ya está acostumbrada y que lo que más pavor le da es la soledad del corazón. Ella le cuenta que su prometido perdió la vida en la “curva de la muerte”. Entre lágrimas y  con gran dolor le muestra el anillo de compromiso que su novio le entrego ese día, se recrimina al recordar que no pudo hacer nada para salvarlo.
El hombre toma la mano de Sofía indicándole que contra el destino no se puede hacer nada, le asegura que su enamorado desde el cielo la cuida y protege. Ella se seca sus lágrimas y le regala el anillo, es tajante en decir que es momento de romper con el círculo, que debe de continuar con su camino y que por favor se lleve el obsequio que la tiene atada a los recuerdos. Santiago consuela en su pecho a la mujer guardando en el bolsillo el recuerdo de un gran amor.
A la mañana siguiente y después de tomarse la bebida de hierbas, Sofía y Santiago salen de la casa con rumbo a la carretera, después de caminar una media hora la muchacha le dice que llego el momento de despedirse, que la salida está a unos cuantos pasos. El hombre le da las gracias y le indica que cuando salga de todo esto la vendrá a visitar, ella sonríe y se aleja perdiéndose en medio de los matorrales.
Santiago escucha la voz de alguien, recobra el conocimiento y se da cuenta que es un rescatista que le pregunta cómo se siente, Santiago se levanta y pregunta por la muchacha que lo salvó, pide que le lleven a la casa de Sofía. La persona que lo atiende le indica que se tranquilice ya que sufrió un accidente la noche anterior y que se golpeo la cabeza. Santiago le cuenta al paramédico que estuvo herido y que una muchacha lo atendió en una casa que esta a media hora. El hombre le indica que su mente imaginó todo y que la zona no es poblada. El herido se acuerda de Sofía mientras es llevado en la ambulancia, en su cabeza no cabe la idea de que la chica de ojos azules y piel blanca fue producto de su imaginación, se apresura en buscar en el bolsillo del pantalón el anillo, con asombro se da cuenta que el obsequio de Sofía estaba ahí.






  

Llamar a la muerte



Llamar a la muerte

Los primeros rayos del sol comienzan a pegar en la ciudad de Cuenca. Al interior de una casa antigua ubicada en el casco colonial, Juana se despierta para cumplir sus labores cotidianas en la universidad. Al ingresar al comedor la muchacha observa que sus padres a más de preparado el desayuno le tienen una sorpresa. ¡Feliz cumpleaños hija! gritan con gran efusividad Cristina y Pablo, progenitores de Juana; espero que este día sea el mejor de tu vida dice Cristina, mientras Pablo le da una caja diciéndole que es su regalo y que lo abra. Con mucho entusiasmo la muchacha abre la caja y observa un medallón. Cristina le dice que ese medallón ha pertenecido a la familia durante siglos y que ahora es suyo, Juana con mucha alegría coge el medallón y se lo cuelga en el cuello, abraza y agradece a sus padres por tan bonito regalo.
En uno de los pasillos de la universidad se observa a Juana que camina con su amiga Vanesa, una de las pocas que tiene ya que ella es muy reservada, de repente se acercan tres muchachos: Francisco, Roberto y Enrique que a su vez son compañeros de aula de las jóvenes,  quienes  invitan a Vanesa a un concierto que se va a desarrollar en la noche, en una plaza contigua a la universidad. La muchacha les agradece por la invitación pero se niega. Juana se queda observando a Enrique mientras se alejan por el pasillo. Cae la noche en la ciudad y se observa que una gran cantidad de nubes presagian un aguacero. Juana se encuentra en su casa, ella esta acostada con un libro en la mano, de repente se asusta porque escucha un trueno.
Los tres compañeros de Juana se encuentran disfrutando de un concierto; entre risas, cervezas y música transcurre la noche, esto mientras comienza a caer una fuerte lluvia. Juana por su parte se encuentra descansando en su habitación; los muchachos pasados de copas caminan por una amplia vía. Enrique sigue su camino por la calle mientras sus dos amigos pasan un puente. La lluvia cae incesantemente Roberto no puede caminar ya que está totalmente ebrio, Francisco trata de hacerlo reaccionar, truenos y rayos se escuchan como si el cielo se fuera a caer. Francisco escucha un sonido mira a su alrededor tratando de descubrir de donde proviene, a cada instante el sonido se hace fuerte, mira al cielo ve que pasan volando decenas de cuervos, el aleteo es fuerte como si tratasen de huir de algo.  Francisco observa una silueta que parece caminar hacia él, a pesar del fuerte ventarrón  logra observar a una mujer alta y cubierta el rostro. La misteriosa  mujer se detiene y de su boca sale un grito muy fuerte y agudo que hace que  Francisco se agache tapándose los oídos.
En ese instante la lluvia deja de caer, Francisco se destapa los oídos, la mujer como por arte de magia desapareció en ese momento, el muchacho escucha los frenos de un vehículo y el sonido de un fuerte golpe,  las luces se apagan. Las luces de una linterna alumbran en la oscuridad de la noche, un vehículo destrozado y virado en la calzada, un poste caído y observamos a Roberto amigo de Francisco tendido en el suelo ensangrentado.
Amanece, vemos a Juana que se despierta y que se levanta con dirección al baño, al mirarse al espejo observa que su cabello está húmedo como si se lo hubiese mojado, se sigue observando, mira sus pies y se impresiona al ver que están cubiertos de tierra. En ese instante imágenes de un puente, lluvia, un auto destrozado y un cuerpo ensangrentado llegan a su cabeza, el susto es tal que ella se desploma al suelo de un desmayo.